¡Inauguramos la nueva sede en Chile!

Por Inés Ordoñez de Lanús

Querida comunidad, después de tomarme unos días para la digestión espiritual de tanta abundancia de amor;  me dispongo a escribirles algo de lo vivido el jueves 28 de septiembre al inaugurar la Sede del CESM en Santiago, y todo lo que eso significa para ésta y para toda la comunidad del Centro.

El edificio estaba vestido de fiesta, las flores, del mismo color que el símbolo del SEA adornaban el altar. El Cardenal presidió y concelebraban seis sacerdotes de la comunidad sacerdotal del SEA más el padre Manterola, encargado del santuario de la Virgen del Carmen. El coro maravilloso, y también la voz que cantó el Ave María al finalizar la celebración. Todo fue perfecto, bello, luminoso, radiante!!! Y así estábamos todos, además de agradecidos, maravillados, y con la sensación de estar tocando el cielo con las manos. Como dije aquel día: estábamos ante un signo patente de una comunidad creyente.

Una comunidad que nace en el año 1995, cuando Eduardo y María Chiappe, se van a vivir a Santiago con toda su familia. Cuando María me cuenta le doy el «envío» para que lleve el SEA si así Dios lo dispusiera. Ninguna de las dos hubiéramos podido imaginar lo que venía por delante.

Ni bien llegó, al enterarse algunas argentinas residentes allí que María pertenecía al Centro de Espiritualidad, le pidieron que formara algún grupo de oración, que hiciera algo… Y así se forma, en marzo, un primer grupo de oración con todas argentinas y dos chilenas. En este primer grupo ya se encontraba Marcela Rueda, casada con chileno. En abril comienza otro grupo formado por chilenas y por una mejicana, casada con chileno, Licha Palazuelos. La oración contemplativa prende con fuerza en los dos grupos, estaban ávidas de más y de todo. Entonces María me invita a que vaya.

Llego por primera vez a Santiago en junio de 1995 y la primera actividad fue un desierto el día del Sagrado Corazón. ¡En casa de María (parece que mucho de lo que nos pasa, sucede en las casas de María…de Oro, de Luján…y en las domos Mariae Ecclesia…En las casas domésticas de María, o sea: nuestros hogares!!!).

María ya se había contactado con el Padre Fernando Edwards, monje benedictino del Monasterio de Las Condes, quien  desde el primer momento hasta ahora, ha significado un puntal para el crecimiento del Centro. ¡Gracias Fernando!
En agosto, estando de pasada en Santiago después de un programa en la nieve, María organiza un día de retiro para  matrimonios. El impacto de ese retiro fue imponente. Quedó formado el primer grupo de matrimonios que se siguen reuniendo hasta el día de hoy y que son, junto con otros que vinieron después, la comunidad fundacional.

Contra todo lo previsto, la estadía del matrimonio Chiappe duró menos de lo planeado. Al año y medio ya estaban volviéndose, pero en esos quince meses plantaron la semilla que cayó en tierra muy fecunda y que hoy, quince años después podemos apreciar y maravillarnos con sus frutos.
Aquí se nos hace muy evidente cómo el Señor se vale de nosotros cuando estamos dispuestos. Y lo que realiza nos supera y trasciende totalmente. Un fuego enciende otro fuego…un corazón que arde enciende a otro en llamas de amor!!! Y se realiza en quienes servimos la bienaventuranza del servidor: al que me sirve mi Padre lo honra!!!

La antorcha que encendieron la recibió Licha, quien fue la primera directora de esa comunidad en formación. Desde entonces e ininterrumpidamente, las actividades fueron creciendo al mismo tiempo que la comunidad se iba consolidando. Gracias a la proximidad pude ir cada año a dar retiros y seguir muy de cerca -junto a María que continuó siendo su madrina- el crecimiento de la comunidad. A Licha le sucedió Willy Villaseca.

Personalmente, cada vez que iba volvía gozosa y confirmada. Me parecía que «entendían» casi mejor que yo, de qué se trataba nuestra propuesta. Fueron los primeros en decirme que este carisma era muy bien acogido ya que se trataba de una «espiritualidad diocesana». ¡Ponían palabras lo que yo -todavía- no sabía decir!

A uno de los primeros retiros fue el Padre Maximino Arias, teólogo, profesor destacado de la Universidad de Teología y formador del seminario. Llegó humildemente con un gran anhelo: aprender a orar contemplativamente. El Padre Maximino fue nuestro primer Consejero y el primero que confirmó teológicamente el camino al corazón. Consideraba a los retiros como la matriz que «alumbraba» una nueva vida. Interpretó teológicamente y como signo de los tiempos el que fuera iniciado y recibido, en primer lugar, por mujeres. Hasta que murió, cada año participó en un retiro contemplativo y animó a muchos sacerdotes a emprender este camino.

En el año 2003, y cuando la comunidad ya estaba conformada en Filial, comenzó el primer Curso de formación para acompañantes espirituales (CAE). El Cardenal Errázuriz, Arzobispo de Santiago, no dudó en aceptarlo ya que la Iglesia de Santiago, reunida en Sínodo en el año 1997, fue la primera en América que habló de la necesidad de formar acompañantes laicos. Desde entonces ya egresaron cuatro generaciones con 120 acompañantes espirituales y actualmente se están formando en dos turnos otros 120.

El impacto en la comunidad fue evidente cuando este año, 60 acompañantes espirituales se acercaron a las zonas del tsunami y del terremoto para acompañar a las personas afectadas.

Con todo esto, la necesidad de una cara visible y de un lugar que funcionara como sede se tornaba cada vez más conveniente, hasta que finalmente discernimos que había llegado el momento y que si la comunidad estaba dispuesta podíamos emprender el camino de tener una sede propia. Y así se comenzó la búsqueda. Primero del terreno. El  arzobispado cedió generosamente en comodato, por cuarenta años, el terreno situado en el corazón de Vitacura, en un espacio muy particular, ya que se encuentra en un barrio construído gracias a una donación de la Fundación Rockefeller. Y después el proyecto y el plano, que nacieron de las entrañas y creatividad de Sarita Cruzat y de Bertita Errazúriz junto a su marido Horacio Rodríguez.

En julio del año pasado insté a la comunidad que se lanzara a construir y los animé de tal manera que nos desafiamos a consagrárselo a la Virgen del Carmen en julio del año siguiente.
En enero, el fin de semana de las elecciones y triunfo del nuevo presidente, Sebastián Piñera, colocamos la piedra fundamental…y después vino la tragedia que probó la solidaridad y fortaleza del pueblo chileno. Y en medio del dolor y la confusión el edificio del centro se iba levantando como un signo de fe y de esperanza. Aunque se caigan los montes y se derrumben las montañas, Yo tu Dios estoy en medio de ti; dice el salmista. Es el mismo salmo que está enterrado en la tierra santa de Luján, y el que pusimos al pie de la Cruz de la primera capilla en el 2001, cuando se caían las torres, sobrevenía la crisis …y la Casa de María se levantaba como un signo de esperanza para nuestro pueblo creyente.

Lo mismo ahora, cuando toda lógica hacía pensar que era el momento menos apropiado, esta comunidad, cuyos miembros son piedras vivas de un edificio bien trabado en el amor, apuesta a levantar un signo de esperanza para Chile.
¿Y cuándo se inaugura? El 28 de septiembre, cuando todo Chile y la humanidad entera está pendiente de los 33 mineros que aguardan en “sábado santo” a la espera de ser rescatados. ¡Qué signo fuerte! Al mismo tiempo la Iglesia de Chile está herida por el escándalo de los abusos; quiera Dios que esta comunidad sea un signo visible de la belleza de la Iglesia que camina hacia su plenitud nupcial. Que muestre un rostro creíble para quienes están confundidos, desconcertados o enojados. Que el Señor nos dé la gracia de poder acompañar, de corazón-a corazón a quienes se acercan buscando respuestas.
Los mineros nos desafían a creer y a esperar…toda la humanidad acompaña…y nosotros, impactados por el signo, oramos intuyendo el misterio que nos trasciende…

Queridos hermanos chilenos ¡Cuánto aprendemos de ustedes! De su integridad, de su amor a la patria, de su fortaleza, de su empuje, de su transparencia, de su amor a la Virgen!!! Cuánto, cuánto, cuánto!!! Y qué día para inaugurar la sede, en plenos festejos del Bicentenario, de las fiestas patrias y de la tradicional procesión de la Virgen del Carmen!!!! Bendito seas Señor!!

Un agradecimiento enorme de parte de toda la comunidad del Centro Santa María a la comunidad de Santiago de Chile, a todos quienes aportaron con tanta generosidad, a los arquitectos, a la empresa constructora y a los maestros. Por todos ellos te pedimos tu bendición señor y que los colmes con la abundancia de tu amor. Y en especial a Marcela Rueda de Mackenna, directora de la Filial. Sin tu enorme fe, Marcela, y tu entera dedicación, esta obra no se hubiera podido construir. Creíste, confiaste, supiste animar y sobre todo, lo viviste con un amor y una alegría que todos sabemos de donde brota!!! Gracias a Guille, tu marido que te acompañó en todo momento y a toda tu familia.

A todos ¡muchísimas gracias!!! Y ahora, a disfrutar la Sede y a seguir creciendo para que desde Santiago, el SEA llegue a todas las regiones de Chile.
Que la Virgen del SEA nos regale su mirada para contemplar a la Santísima Trinidad; nos guarde en su Corazón y nos enseñe a caminar hacia la plenitud del amor.
Amén, Así SEA.

Imágenes de la nueva sede en Chile