Vida contemplativa – 3 herramientas para iniciarse

La vida cotidiana puede ser contemplativa

¿Por qué no entrar en nuestro propio corazón y encontrar allí el sentido de nuestra vida, la respuesta de los anhelos más profundos? Este es nuestro desafío y nuestra gran tarea: descubrir que toda nuestra vida es camino hacia nuestro propio corazón y una invitación constante a “adentrarnos”. Ser peregrinos de nuestro propio corazón, perder el miedo a nuestras profundidades y animarnos a ir a lo hondo, para encontrarnos con el Dios viviente.

¿No sabés cómo empezar?

Aquí te acercamos 3 herramientas útiles para acompañarte en el camino de la vida contemplativa

¿La oración contemplativa es para mí?

Un artículo para descubrir las claves de la oración contemplativa.

¿Cómo me inicio en la oración contemplativa?

Una guía para recorrer paso a paso el camino de la contemplación.

Paso a paso, te acompañamos en la oración

Audios que te guían en la oración contemplativa de cada día.

Contemplando

Aprendemos paso a paso a vivir atentos y despiertos al aquí y ahora, a estar en donde estamos, en una profunda conexión con lo que hacemos, pensamos, sentimos, decimos y percibimos. Parece difícil, pero se trata de una disposición del corazón que reconoce en el don de la vida una verdadera fiesta.
En el corazón de la persona que se adentra en la contemplación se van desarrollando ciertas actitudes y virtudes, tales como:

  • la experiencia mística de vivir en el Corazón de Jesucristo y ser testigos enamorados del amor, irradiando el amor en todas las situaciones de la vida cotidiana;
  • una acogida incondicional a todos, que nos hace capaces de recibir a quienes piensan, sienten o actúan en forma diferente, estableciendo relaciones de profunda comunión;
  • una mirada de confianza en la sacralidad de la vida;
  • una escucha atenta y silenciosa, que nos ejercita en el arte de escuchar con el corazón, y de vivir atentos y presentes;
  • las disposiciones para seguir creciendo y animando a los otros a crecer, a permanecer en el camino a pesar del dolor o la adversidad,
  • confiar en que Cristo es siempre la última palabra que vence a todo mal e ilumina toda oscuridad.
¿Será porque no conocemos a Dios, o porque sólo recordamos falsos rostros de Dios que nos han presentado a lo largo de nuestra historia? ¿Será porque estamos cansados de que nos hablen de Dios con palabras que nada tienen que ver con nuestra vida? ¿Será porque somos personas muy ocupadas y ya no tenemos tiempo para dedicar al silencio y la interioridad? ¿Será que nunca nos llega el tiempo para hacerlo y estamos siempre planificando en hacerlo después? Incluso muchas veces somos cristianos practicantes y comprometidos en tareas pastorales y, sin embargo, tampoco oramos. Nos definimos como hombres y mujeres de acción contraponiendo estas cualidades a la quietud de la oración. La voz de Dios resuena en nuestros corazones, pero nos hemos vuelto incapaces de escucharla. Aturdidos y seducidos por el afuera, nos alejamos de nosotros mismos y de nuestro Creador. Lejos del reparo de nuestro corazón, vivimos con miedo y a merced de las vicisitudes de una vida sin sentido; evitamos sufrir porque no encontramos el porqué del dolor, no sabemos atravesar las contrariedades en paz; buscamos seguridades donde no las encontramos y queremos afirmarnos en donde ya no hacemos pie, muchas veces a costa de nosotros mismos y de nuestros hermanos.