Destellos del SEA | Recibirnos para Entregarnos

Destellos del SEA son estas breves reflexiones de Inés Ordoñez de Lanús que aquí compartimos con ustedes, y que han sido extraídas de los últimos retiros de oración contemplativa. Reflexiones que nos ayudan a seguir creciendo en este camino del SEA, camino al corazón.

¿POR QUÉ DECIMOS QUE EN LA ORACIÓN NOS ENTREGAMOS? 

Jesús vino a enseñarnos a vivir el amor: “Si ustedes quieren tiene que correr mi suerte. Ustedes están dispuestos a beber mi cáliz?”  “Sí!”. Bueno. Hoy vamos a tener toda la noche de adoración. Y vamos a ver si realmente queremos compartir la suerte de Cristo: beber el Cáliz. Porque el Amor, es lo que dice Jesús «ustedes tienen que morir a sí mismos». Pero qué significa en mi vida cotidiana, yo mujer, chilena, argentina, casada, con nietos, hermanas, soltera, viuda, separada… con mi vida como sea: ¿Qué significa renunciar a mí mismo, cuando todo el trabajo que estamos haciendo es recibirme? Pero ¿para qué hacemos este primer trabajo de recibirnos?

No es simplemente para recibirme y soy un objeto maravilloso, y mírenme… ese es el riesgo. Me recibo, y me gusto tanto… que me cuido, me pongo bien, para que este objeto precioso que soy yo no envejezca, no se deteriore. No. Recibirme es otra cosa. El catecismo de la Iglesia Católica tiene una palabra fuerte: las personas no nos podemos entregar, si antes no nos poseemos. ¡No nos poseemos! O sea, si yo te quiero entregar algo, no te lo puedo entregar si no lo poseo, si no lo tengo! Si no es: te entrego, te entrego… ¿pero qué entregás? Muchas veces entregamos pensamientos, intenciones, proyectos. ¿Pero yo? Yo me puedo entregar sólo si me poseo, si se quién soy. Yo me poseo, en un señorío. Y como en este saber quién soy, me voy poseyendo a la vez que voy descubriendo que no me pertenezco… Por  revelación sabemos que no nos pertenecemos. Entonces ahí vuelvo… me doy cuenta, ah, esto no es propiedad mía. Como dice la carta a los Hebreos: «nosotros no nos pertenecemos».
Entonces me doy cuenta «Uy, estoy poseyendo algo que no me pertenece»! Ni mis hijos. Nada me pertenece, entonces volvemos  a entregar. Pero tiene que haber una conciencia de posesión. Esto se me dio a mí, se me confió a mí. ¿Y ahora qué hago con esto que se me confió? Lo entierro, lo saco, o… lo hago producir el ciento por uno. Pero es algo que se me dio a mí, se me dio, se me entregó. Tomá, esto es para vos. ¡Y se me dio a mí, y no a otro! Se me entregó. Entonces yo, eso que se me entrega, lo tengo que recibir! Y abrir y darme cuenta qué es; y tengo que bajar y desenterrar, porque tiene fondo esto, es con doble fondo! ¿Qué hago con todo eso? Lo poseo para entregarlo.
Este es un proceso de integración… y esto es a medida, no es lineal. Es en tanto y en cuánto, a medida, en el mientras tanto, lo que voy teniendo, lo voy entregando. Es un proceso dinámico.
Si descubriéramos que todo lo que recibimos es para entregar… Dios es la plenitud de la entrega, es Dios Trinidad que vive en un proceso ininterrumpido de entrega. Y nosotros estamos hechos a imagen y semejanza de Dios…¡Para entregarnos! Aquí radica el secreto de nuestra felicidad. Pero vivmos pensando que seremos felices en la medida o proporción de nuestras posesiones… y no hablo de bienes económicos. Creemos que somos felices si poseemos saber, poder… si poseemos a las personas que amamos, hijos, mujer, marido… Y la felicidad se nos esconde atrás del misterio de la entrega… Entonces es este recibimiento, para esta entrega.
La oración contemplativa, nos entrena para la entrega. Es un proceso de presencia, de estar presentes, despiertos. Con la intención de estar en Dios, de entregarme a Dios. Vos en mí y yo en Ti. Pero en este EN hay un proceso dinámico. Porque el Señor nos va uniendo cada vez más en esta entrega. Yo me entrego, pero El me une. Es la acción que realiza Dios en nosotros, el Espíritu Santo. Va haciendo todo este proceso de Unión.
En la oración, nosotros ponemos la intención y soltamos. Nos entregamos. Y el miedo es: ¿quién me contiene? ¿¡Quién me sostiene!? Entonces vamos conteniendo, sosteniendo. No. Es soltar. Porque es el Señor el que contiene, sostiene, el que nos tiene! Y esta tensión, porque es una tensión, es como un esfuerzo amoroso, que voy, que vuelvo. Pero al ser un movimiento desde el amor no tiene esta contención, concentración, contracción… sino que es una atracción. Un dejarme atraer.