El Regalo del Presente

Miro mi vida… ¡y es tanta la pobreza y la pequeñez! ¿Es tan poco lo que se, lo que tengo, lo que puedo hacer…! Me toca sólo vivir este tiempo, este espacio… realizar este trabajo…estar en casa… ¡Que es tan poquito, tan pobre, tan “nada”, que si no tuviera esta experiencia que estoy unida  a Vos, Señor, sería una desilusión. Miro mi vida tan, tan pobre. Pasan los días y siento que “nada”… y hay tanto que hacer en el mundo… ¡Qué  chiquita me queda mi vida, qué pobre! Pero el Señor me mira y me dice: “Todo”. Su amor en mi transforma mi nada en todo. El Señor reviste nuestra nada de Amor, y el Amor es Dios, es Eterno, es Todo. Entonces, en mi  pobreza, que es mi propia vida, resplandece el TODO de Dios, sencillamente, porque yo puedo amar.

La mayor pobreza aceptar la vida tal como es, y no fantasear con que queremos que sea otra cosa, o esperar que sea otra cosa. No. la vida para cada uno de nosotros, está siendo tal como es. Ese es nuestro regalo, nuestro mayor regalo. Y si finalmente nos decidimos a aceptarlo, recibirlo, mirarlo y abrirlo…¡Allí te encontramos, Señor! ¡Qué gran regalo! Ojalá que “nos caiga la ficha”. El regalo no está en lo que me pase, cuando me pase, si me pasa… El regalo es el PRESENTE, lo que me está pasando y exactamente ASI como me está pasando. Esta es la gran revelación del amor. Y es nuestra gran decisión. Podemos abrirnos al regalo de nuestra vida y experimentar el “todo” del amor de Dios en nuestro presente. Ahora. O podemos quedarnos protestando y refunfuñando por nuestra experiencia de “nada”… quejándonos por nuestra pobreza y la de los demás.